Perseverancia, esfuerzo y muchas ganas. Hay historias que no se escriben con tinta, sino con amor y valentía. La de María José Quiroga es una de ellas. En su vida la palabra resiliencia tiene peso propio, ya que se transformó en su símbolo cada vez que necesitaba levantarse. Antes de que las medallas llegaran y viajara por primera vez afuera del país para competir en el deporte adaptado, hubo una niña traviesa que siempre le puso ganas, escaló alto y saltó obstáculos.

Majo nació prematura, tenía apenas seis meses y pesaba 900 gramos que desafiaban cualquier pronóstico. La retinopatía le quitó la visión, pero no las ganas de lucharla.
Su historia se ancla en Campo Afuera, en Albardón, donde creció bajo el cuidado de su abuela Elba. Tras la pérdida de su madre cuando tenía seis años y la ausencia de su padre, ese hogar se convirtió en refugio y escuela de vida. Allí aprendió a moverse en un mundo sin ver, pero lleno de afecto y en compañía de sus hermanos.
El punto de quiebre llegó cuando conoció la bicicleta tándem. La primera vez que se subió a una de esas, algo cambió para siempre. Esa conexión con su guía y la confianza, le dieron una nueva oportunidad.
Ahí nació Majo “La Peke” Quiroga, la atleta que hoy viste la camiseta de la Selección Argentina y representa al país en competencias nacionales e internacionales; la que trabaja en las mañanas en la Legislatura, entrena en un gimnasio y sale a rodar por las rutas sanjuaninas deseando siempre llegar lejos.
Busca entender de dónde sale esa fuerza que la define, ese impulso que la llevó a conquistar el mundo cuando encontró su mundo en la bici tándem.

Majo Quiroga una historia de vida.
