Tras la salida de Manuel Adorni y su posterior reemplazo por Diego Santilli, en el oficialismo se muestran optimistas por el futuro de la gestión. La reconfiguración del esquema de poder y el respado de Milei a Adorni

“Es importante lo que pasó. Ahora hay que mirar para adelante. Tenemos con qué”, planteó, con marcada esperanza, un integrante de la mesa política que desde hacía meses advertía a Javier ya Karina Milei de las implicancias que generaba mantener a Manuel Adorni en el Gobierno. Horas después de la renuncia, celebró con vigor la designación del comodín Diego Santilli al frente de la Jefatura de Gabinete.
El día después de los cambios, el mandatario negó parálisis en la gestión y atribuyó el corrimiento a un “ataque sistemático” del periodismo contra el exfuncionario. “Qué es eso de andar sentenciando gente antes de que se expida la justicia. Sigo confiando en la inocencia de Adorni. Es una persona honesta”, arremetió, luego de revelar que, junto a Karina Milei, habían detectado un “deterioro anímico” en el ex vocero por lo que evaluaron alternativas.
El nombramiento de Santilli fue celebrado por propios y aliados, aunque el mayor alivio estuvo dado por la salida de Adorni. “No importa, lo central es lo otro”, sintetizó una fuente libertaria. “Va a ser un vocero feliz y no se va a meter en quilombos”, planteó, con alivio, otra fuente con acceso al despacho presidencial en referencia al hasta entonces ministro del Interior, horas después de que el Presidente comunicara el desembarco del exlegislador del PRO al frente de la coordinación de las carteras.
El cambio forma parte de una serie de modificaciones que comenzaron con el nombramiento de Adrián Ravier al frente de la Vocería Presidencial, en pausa desde marzo, y la designación de Fabián Fernández en la Secretaría de Prensa. La idea de la cúpula de poder es pasar de página y retomar el control de la gestión y de la opinión pública tras 110 días de empantanamiento a raíz de la polémica por el caso Adorni.
