Victoria Benítez, hija de una desaparecida, reconstruyó su historia personal atravesada por el terrorismo de Estado. Militante de HIJOS, convocó a la marcha en San Juan con un documento único y advirtió sobre el avance de discursos negacionistas.

En el marco del Día por la Memoria, la Verdad y la Justicia, la sanjuanina Victoria Benítez puso en palabras una historia que, como tantas otras, mezcla el horror con la persistencia. Su madre, Elvira Orfila Benítez, fue secuestrada en Mendoza en 1977. Ella tenía apenas tres años.
“Mi mamá se dio cuenta de que el barrio estaba rodeado por la Aeronáutica. Me alcanzó a pasar por las rejas a un vecino y se la llevaron”, relató en una entrevista con el programa Informadísimos, que conduce el periodista Fernando Ortiz por Radio Colón. Durante días quedó al cuidado de desconocidos hasta que sus abuelos maternos, desde San Juan, lograron rescatarla y traerla a la provincia, donde fue criada.
Esa escena —breve y brutal— marcó toda su vida.
Victoria creció con la verdad, algo que no todos los hijos de desaparecidos pudieron tener. Su familia le contó desde pequeña lo ocurrido, adaptando el relato a su edad. Sin embargo, la ausencia se hizo carne de otra manera: en la incertidumbre permanente. “Cada vez que tocaban el timbre, yo pensaba que era mi vieja”, recordó.
Su madre, militante de la Juventud Peronista y luego de Montoneros, fue secuestrada en el marco del operativo represivo conocido como “Abril del 77”. Los responsables fueron juzgados años después, pero —como ocurre en todos de los casos— nunca dijeron dónde están los restos.

En la entrevista, Benítez fue contundente frente a los discursos que relativizan el terrorismo de Estado: “No fueron excesos. Decidieron matar, violar, desaparecer y apropiarse de bebés”, sostuvo. Y planteó una pregunta que atraviesa el debate actual: “Si mi vieja era culpable, la tendrían que haber juzgado. Tenían todas las herramientas legales para hacerlo”.
Desde su experiencia, rechazó la llamada “teoría de los dos demonios” y cuestiona la reapertura de discusiones sobre cifras y responsabilidades. Para ella, el número de 30.000 desaparecidos tiene un valor simbólico que sintetiza una tragedia colectiva.
Para Benítez, el problema no es solo judicial sino también político y cultural. Advirtió sobre el avance de discursos negacionistas y una creciente desconexión de las nuevas generaciones con las políticas de memoria. “Hay miedo otra vez. Miedo a marchar, a expresarse. Eso ya lo vivimos”, señaló.
Integrante de la agrupación HIJOS, Benítez reivindicó la militancia como una forma de reconstrucción personal y colectiva. “Militar es desde el amor”, definió.
